lunes, 20 de diciembre de 2010

El costo del cariño: sentimientos empaquetados comprados al mejor postor

De hace tiempo a esta parte, creo que cada uno de nosotros debe poner en la balanza lo que desea y lo que está dispuesto a pagar por ello. No se trata que todo tenga un precio monetario, pero si un precio o costo que debemos pagar para poder acceder a lo deseado. Ya lo decía muy sabiamente Jeremy Rifkin en su libro: La Era del Acceso.

En estas fechas muchos miden el cariño con el precio puesto en vitrina de alguna tienda, buscando empaquetarlo y dejarlo impersonalmente bajo un árbol navideño. No tengo nada en contra de los regalos, sólo estoy en contra de reemplazar las muestras de afectos por pequeños (o enormes) paquetes vacíos de afecto, y rellenos de plástico, papel, fierro o vidrio.

Hace unos días, una persona que quiero mucho, me pidió su regalo de navidad: una carta que dijera, con mis palabras, lo que siento por ella. Quiere que le escriba si ha sido una buena persona, si ha actuado correctamente en el rol que cumple, si tiene defectos que aun pueda corregir, si ha hecho lo que es debido en el momento adecuado, si es una carga, si aun tiene espacio para ser escuchada. Me queda claro (por su pedido) que muchas cajas le he entregado, y que muchos afectos, por ello, se han omitido.

Esta navidad, si tienes a un ser querido cerca, dile lo que sientes, deja que pueda disfrutar de tu simple compañía y ver que estas con él o ella, pese a la distancia. Que una caja o paquete no te separe del abrazo que tengan que darse.

Por adelantado, Feliz Navidad.

Alejandro Pavez

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