sábado, 17 de julio de 2010

Reinicando la historia personal

Hace algunos días renuncié a mi trabajo, el cual me involucró por cerca de 10 años a una empresa de gran tamaño y complejidad. Hoy he dado un paso al lado para poder hacer otro tipo de cosas.

En el proceso, he dejado de lado historias, pendientes, amistades y afectos; una mochila que en ese tiempo se hizo muy pesada. Aunque debo reconocer que el peso se debe mas que nada a aquellos rasgos de mi actuar y mis restricciones que me "obligaron" (?) a proceder de una manera particular. Estos se hicieron llevaderos por estar sobre hombros de gigantes a la hora de hacer las cosas. A esos gigantes van estas líneas.

Amigos, compañeros, colaboradores y jefes. Ellos hicieron que las oportunidades estuvieran a la mano. Ellos me soportaron para dejarme hacer lo mío. Ellos me enfrentaron en aras del objetivo. Ello se arriesgaron a hacer lo correcto. Ellos se arriesgaron a hacerme caso. Valientes por ello.

Sin embargo, como todo, también hubieron jinetas y "prioridades" (?) que hicieron que lo correcto esperara un nuevo momento. Un momento que en algunos casos aun no ha llegado. "Focos" (?) que hicieron que el camino fuera cada vez menos una carretera moderna y mas una huella que con el viento se ha ido borrando. Muchos quedarán en medio del campo sin saber por donde la huella sigue, o de donde venia. "Objetivos" que se instrumentalizan para no tener la posibilidad de decir que 'no se sabe lo que se debe hacer, pero algo hay que hacer'.

Hoy, con una hoja en blanco adelante, puedo decir que mis limitaciones siguen siendo las mismas, pero hoy tengo absoluta claridad de algunas de ellas, por lo que puedo decir que algunas será erradicadas de mi actuar. Decidiré no condicionarme a ellas, permitiéndome avanzar con más coraje y convicción. Si bien espero tener pronto claridad en los focos y las prioridades, apelo a que el largo plazo no sea mermado por la gestión del presente ciclo. Apelo así a que los valientes y comprometidos sigan en esa batalla.

Una de las personas que me envió sus buenas vibras para esta nueva etapa de la vida, me dijo que la compañía me debía mucho, y que gracias a mi (en un punto muy particular), estaban viendo la luz. No creo que esto sea cierto: la compañía no me debe nada (figurativamente hablando); y la luz que están viendo al final del túnel puede ser un tren que viene en nuestra dirección. Todo depende de que se atrevan o no a seguir en ese camino, sin condicionarse a aquellos cortos de vista que sólo les preocupa el paso a paso de sus mocasines de marca que los hacen ver como político de segunda.

Por mi parte, tengo una historia que reiniciar. Una historia que deberá cultivar lo mejor de mi y que, con humildad, deberá sembrar nuevas posibilidades dentro de este campo que aun creo fertil. Mis frutos serán los que confirmarán esta creencia.

A los valientes y comprometidos, un abrazo.

Alejandro.

Mateo 7.16: Por los frutos los conoceréis

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